Potencias y contradicciones de la comunicación indígena y el poder estatal. Una reflexión en torno a la III Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala

Por: Carlos Baca

Fotografías: Daniela Parra

Llegar a Bolivia es encontrarse con un mundo distinto. No sólo porque las alturas en la ciudad de La Paz hacen que el cuerpo mismo sienta una especie de vacío en su interior, sino sobre todo porque la magia y contradicciones de un espacio social en el que existe una fuerte tensión entre las formas tradicionales de relacionarse y las vicisitudes de la modernidad, dan cuenta de una complejidad organizativa llena de contrastes y colores.

dsc_0755El propósito de nuestro viaje era compartir en la III Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala. Este evento se realizó entre el 15 y el 19 de noviembre en Tiquipaya, Cochabamba, Bolivia. En él participaron representantes de medios de comunicación comunitarios e indígenas y organizaciones sociales de más de 17 países de América, Europa, Asia y Oceanía.

La III Cumbre era un evento que parecía ya estar organizado con base en las experiencias previas que se dieron en El Cauca, Colombia en 2010 y en Oaxaca, México en 2013. La intención de estos eventos es consolidar relaciones y proyectos con miras a potencializar las experiencias de comunicación indígena a través de alianzas entre los distintos actores que desarrollan esta labor en los pueblos originarios del Abya Yala. Sin embargo, como lo anunciaba nuestra llegada a Bolivia, todo podía pasar y habría que estar atentos a las distintas manifestaciones y cambios que eran posibles de articular en el desarrollo de este evento.

En este texto no quiero hacer una cronología de cómo se fue desarrollando, para ello ya existen otros espacios. Más bien me parece importante realizar una reflexión en torno al papel del Estado en su orientación a la reducción de los conflictos sociales, a través de la síntesis de los movimientos en una acción estatal. Considero que hacer una breve reseña nos puede ayudar a ver un poco los hechos para animar la reflexión.

Desde el primer día, se dejó notar una fuerte presencia del Ministerio de Comunicación en la organización del evento. Por un lado, todas las personas de primer contacto y en el registro pertenecían al gobierno, no eran representantes de las organizaciones comisionadas para coordinar el evento. Por otro lado, la imagen del presidente Evo Morales comenzaba a aparecer en todos los materiales entregados (que incluían en el morral que se regaló un poemario dedicado al presidente y un libro sobre la historia de su lucha), en posters, incluso en botargas. La Feria Pluricultural de experiencias convivía con los stands de los distintos Ministerios del Gobierno. Estaba el de salud, el de vivienda, el de electricidad, hasta la procuraduría tenía su espacio. Por último, una larga espera en la tarde adelantaba la visita del mandatario, que llegó con más de dos horas de retraso para la inauguración del evento, mientras se escuchaban canciones en vivo que alababan al presidente.

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La inconformidad de diversas organizaciones fue evidente desde el primer momento, no sólo por las imágenes de la cooptación estatal sino por todos los cambios que se realizaron a la metodología y los documentos de trabajo. Por un lado, los representantes del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) estaban inconformes por la ausencia de los temas trabajados en las precumbres realizadas en Perú y Colombia. Por su parte, miembros de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) señalaban que mientras el presidente de dicha organización no había sido invitado al evento, a pesar de que se había solicitado, sí se contó en el podium inaugural con la presencia del embajador de Ecuador, quien representaba la opresión y ataques a los pueblos indígenas de ese país, además de que solicitaban se eliminara su participación de la mesa de derechos. Aunado a ello, el programa incluía a representantes del gobierno boliviano como presidentes y coordinadores de algunos los ocho ejes temáticos, cuyos documentos base también estaban alterados al no tomar en cuenta los aportes que se desarrollaron previos a la cumbre por diversos actores clave en todo el continente.

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El conflicto fue escalando y ello llevó a la constante cancelación de los eventos programados y amplios espacios sin poder encaminar los trabajos de cada uno de los ejes temáticos. Sin contar problemas que se suscitaron y que no estaban del todo en las manos del comité organizador, como la agresión sexual a tres mujeres en el polideportivo donde nos hospedábamos.

De esta manera, se conformó un grupo de participantes internacionales que decidieron crear una mesa paralela para discutir lo que estaba sucediendo y rescatar la metodología que habían trabajado en encuentros previos. Mientras tanto, en los pocos tiempos que se pudieron dar para el trabajo en los ocho ejes de la Cumbre se discutieron los temas que se tenían planteados y se pudieron concretar, entre dimes y diretes, las conclusiones por mesa y planes de acción para cada eje temático.

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La Cumbre finalizó de manera muy distinta a las anteriores. No se leyeron ni discutieron en plenaria las conclusiones de los ocho ejes temáticos, ni se desarrolló una asamblea que concluyera el trabajo de los cuatro días previos. La clausura fue más bien un evento protocolar en el que se esperó varias horas, una vez más, a la representante del Ministerio de Comunicación.

No creo que el problema suscitado sólo haya partido del comité organizador, tampoco hubo una estrategia política de aquellos que estaban en contra para poder concretar trabajos que fueran más allá de señalar la inconformidad ante lo ocurrido. La falta de diálogo real y la voluntad de crear y respetar acuerdos es algo que llevó a no consolidar la III Cumbre como un espacio de consolidación de una lucha continental de los pueblos originarios.

¿Qué pensar de todo ello? ¿De qué manera entender un conflicto de esta naturaleza? Las preguntas resultan complicadas y me parece que pueden tener varias aristas en sus respuestas. De entrada, me gustaría dar una que me parece pertinente: los movimientos sociales cuando se sintetizan en lo estatal se convierten en una institución y traen ahora en su esencia las contradicciones propias del Estado capitalista.

La lucha política que llevó a Evo Morales a ganar las elecciones para presidente hace ya diez años fue un proceso de convulsión de relaciones sociales que trastocaron las formas de penetración capitalista y dieron cuenta de que la creación de “otro mundo” es posible. Así, la guerra del agua, la guerra del gas, el levantamiento aymara, la lucha de los cocaleros, el frente contra el impuestazo, etc.,  fueron movimientos que generaron una serie de elementos de cohesión y mostraron que era posible dar batalla y salir triunfadores a los procesos de dominación propios del neoliberalismo. Sin embargo, cuando todo ello se sintetizó en el Estado, se fue incorporando a las lógicas capitalistas de relaciones sociales y se institucionalizó una lucha que posibilitaba mayores condiciones de vida más justas para todos. Considero que dos textos que nos pueden ayudar a pensar en este proceso son Los ritmos del Pachakuti (2009) de Raquel Gutiérez y El estado de derecho como tiranía (2007) de Luis Tapia.

Como bien dicen mis profesores, “no debemos tirar al niño con el agua puerca”. El proceso que los gobiernos progresistas, incluido el boliviano, han desencadenado en América del Sur ha sido un importante contrapeso para las medidas neoliberales y todas las miserias que éstas conllevan. Por ejemplo, ha sido central poner en la agenda mediática y en los puestos de mayor poder dentro del gobierno en Bolivia a representantes de pueblos originarios. Sin embargo, no dejan de ser Estados capitalistas y, por lo tanto, tienen que responder a las lógicas propias de la competencia económica.

dsc_0841Así, como lo señala Joachim Hirsch, el papel de los Estados es reducir al máximo las desigualdades y contradicciones del proceso capitalista para que la fuerza laboral y los medios de producción se puedan seguir desarrollando. De esta manera, en el caso de los gobiernos progresistas el excesivo control propagandístico o el extractivismo, por poner algún ejemplo, son dos de las formas más evidentes de las tensiones que se dan entre el discurso de estos gobiernos y la práctica cotidiana del ejercicio del poder gubernamental, pero que al mismo tiempo facilitan ciertos tipos de reducciones a las desigualdades y falta de seguridad social.

Lo que sucedió en la III Cumbre fue un ejemplo claro de aquello que he señalado hasta el momento. Las fuerzas estatales se tensionaron con los movimientos sociales al discernir por la apropiación de un espacio que no había sido institucionalizado del todo, y que al intentar hacerlo se separa de los procesos de lucha para ser funcional al capitalismo. Ya en México en 2013 se había dado un proceso similar en el que la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) otorgó los recursos económicos para la realización de la II Cumbre, pero la estrategia de comunicación fue más efectiva al mantenerse al margen de la organización misma del evento y sólo dar cuenta de su poder a través de logotipos y presencia discreta de sus funcionarios como participantes.

Considero que esta reflexión apunta a ver en la premisa de “cambiar el mundo sin tomar el poder”, de John Holloway, un mecanismo que permita reforzar las luchas sociales, como las de los pueblos originarios, tratando de escapar o utilizar de una manera más funcional al aparato estatal pero sólo para procurar en todo momento salir de él. De otra forma, seguiremos reproduciendo las mismas formas que criticamos y nos dejaremos llevar por argumentos basados en la identidad pero que resultan orgánicos para las formas de dominación. Ejemplo de ello es decir que el gobierno de Evo Morales es diferente (o mejor) únicamente por ser indígena.

Por último, desde mi poca experiencia en las cumbres continentales y una mirada un tanto exterior de la lucha de los pueblos originarios, me parece que seguir apuntando a la realización de estos eventos tan grandes lleva a dejar de lado lo importante, los proyectos que se debieran generar para la potencialización de las experiencias de comunicación y de las luchas a las que pertenecen, mientras se gasta energías, tiempo y dinero en reforzar sólo las dimensiones de lo que Guy Debord llamó la sociedad del espectáculo. 

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