Primer Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan

Texto y fotos: María Alvarez Malvido

Las compañeras zapatistas nos invitaron a encontrarnos, y así llegamos el 8 de marzo al Caracol Morelia entre 5 y 10 mil mujeres. Fuimos ese bosque de pino, caoba, cedro, bayalté y ocote, de árboles diversos y de diferentes partes del mundo que nos abrazamos para compartir la lucha y rebeldía ante un sistema patriarcal. Un sistema cuya realidad necesita de palabras como “feminicidio” o “violación” para hablar de su cotidianidad, una realidad que tiene que cambiar y que sólo es posible imaginar esa transformación en colectivo.

Así nos reunimos para hablar, llorar y reír, para compartir experiencias y proyectos de rabia convertida en lucha, de la resistencia que se fortalece entre colectivas y se comparte en palabras, libros, fotografías y batucadas como las que nos hicieron bailar noche y día entre tambores que aún vibran con fuerza en el corazón. Hubo también un intercambio infinito de saberes entre talleres y charlas de autocuidado, de danza, memoria, teatro, Internet feminista, periodismo, video, cuentos, defensa personal; proyecciones, conciertos y exposiciones.

También jugamos y compartimos entre retas de volley, básquet y futbol, porque como dijo por ahí una compa del Caracol Roberto Barrios, “todo deporte o actividad es importante para la lucha. Para muchos es diversión y no es importante, pero sí es un golpe que damos al capitalismo de que las mujeres sí podemos, sí existimos y sí valemos más de lo que se imaginan”.

Llegamos tantas que las filas permanentes para comer, asistir a talleres, bañarnos e ir al baño se convirtieron en espacios obligados de diálogo, de cansancio e impaciencia compartida. Y es que, como dijeron las compas, confirmamos 500 y llegamos 5 mil…quizás 8 mil, tal vez 10 mil, un chingo seguro. Pero las 2 mil mujeres zapatistas al mando del sonido, la luz, las cámaras, la vigilancia, el agua y los comedores, demostraron que no hay fuerza más grande que aquella organizada en colectivo, capaz de invitar a todas, todas las mujeres del mundo.

Con sus palabras y obras de teatro nos compartieron su lucha cotidiana, la resistencia que se construye desde la familia y los colectivos de hortaliza, textiles, pan y aquello que saben hacer mejor que nadie con sus propios recursos y conocimiento, desde la música, el baile, la capacidad que tienen de organizarse y su fuertísima relación con la Tierra. Con su presencia demostraron en cada momento la capacidad de saber mirar y escuchar a profundidad, y la importancia de hacerlo para caminar juntas en la diversidad.

Con un agradecimiento más grande que las montañas del sureste mexicano, nos llevamos la luz que encendimos durante el encuentro en cada una de nosotras –con una vela para que dure, porque con cerillo rápido se acaba y con encendedor pues qué tal que se descompone, dicen las compas- para recordar y compartir que no estamos solas. Para defender el acuerdo que hicimos de vivir, “porque vivir es luchar, y vamos a seguir luchando cada quien desde nuestros modos, lugares y tiempos”.

Llévala, hermana y compañera.
cuando te sientas sola.
cuando tengas miedo.
cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida,
préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas.
y no la quedes, compañera y hermana.
llévala a las desaparecidas.
llévala a las asesinadas.
llévala a las presas.
llévala a las violadas.
llévala a las golpeadas.
llévala a las acosadas.
llévala a las violentadas de todas las formas.
llévala a las migrantes.
llévala a las explotadas.
llévala a las muertas.
llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella.
que vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor.
que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer en cualquier mundo.
llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión.
llévala y júntala con otras luces.
llévala y, tal vez, luego llegue en tu pensamiento que no habrá ni verdad, ni justicia, ni libertad en el sistema capitalista patriarcal.
Entonces tal vez nos vamos a volver a ver para prenderle fuego al sistema.
y tal vez vas a estar junto a nosotras cuidando que nadie apague ese fuego hasta que no queden más que cenizas.
Y entonces, hermana y compañera, ese día que será noche, tal vez podremos decir contigo:
“bueno, pues ahora sí vamos a empezar a construir el mundo que merecemos y necesitamos”.
y entonces sí, tal vez, entenderemos que empieza la verdadera chinga y que ahorita como quien dice que estamos practicando, entrenando pues, para ya estar sabedoras de lo más importante que se necesita.
Y eso que se necesita es que nunca más ninguna mujer, del mundo que sea, del color que sea, del tamaño que sea, de la edad que sea, de la lengua que sea, de la cultura que sea, tenga miedo.
porque acá sabemos bien que cuando se dice “¡ya basta!” es que apenas empieza el camino y que siempre falta lo que falta.

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(http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/03/10/palabras-de-las-mujeres-zapatistas-en-la-clausura-del-primer-encuentro-internacional/)

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